El miedo al VIH y la necesidad de hacerse pruebas una y otra vez

En consulta es cada vez más frecuente encontrar a personas que, tras una práctica sexual, se realizan una prueba de VIH, reciben un resultado negativo y, aun así, no consiguen quedarse tranquilas. Pasado un tiempo (a veces muy corto) reaparecen las dudas, el miedo o la necesidad de repetir la prueba “para asegurarse”. Esta dinámica puede repetirse varias veces, incluso cuando médicamente los resultados son concluyentes.

El miedo al VIH no suele estar relacionado con la realidad médica actual de la infección, sino con el enorme impacto emocional, social y simbólico que ha tenido en nuestra sociedad. Durante muchos años, el VIH estuvo ligado a mensajes de muerte, peligro, culpa, aislamiento y rechazo. No solo se hablaba de una enfermedad, sino de algo que marcaba a la persona, su identidad y su forma de ser vista por los demás. Ese imaginario sigue muy presente en el plano emocional, incluso en personas jóvenes.

Hoy en día, el VIH es una infección crónica tratable y compatible con una vida larga y de calidad, pero el estigma y el terror aprendidos no siempre se actualizan al mismo ritmo que la información científica. En ocasiones, el cuerpo y la mente siguen reaccionando como si estuviéramos ante una amenaza catastrófica.

 

La prueba como alivio… pero temporal

Cuando la ansiedad aparece, la prueba se convierte en una forma rápida de calmar el miedo. El resultado negativo genera alivio, tranquilidad y sensación de control. Durante un tiempo, la persona siente que “todo está bien”.

El problema es que ese alivio suele ser breve. Al poco tiempo aparecen nuevos pensamientos: “¿Y si me la hice demasiado pronto?”, “¿Y si esta prueba no era fiable?”, “¿Y si soy una excepción?”. La mente vuelve a buscar certeza absoluta, algo que en salud y en la vida no existe. Así, la ansiedad reaparece y con ella la necesidad de repetir la prueba.

De forma involuntaria, se va creando un círculo muy claro:

ansiedad → prueba → alivio → duda → más ansiedad → otra prueba

Cada repetición refuerza la idea de que solo haciéndose otra prueba se puede estar tranquilo, aunque esa tranquilidad nunca dure. Desde la psicología, este patrón lo llamamos conductas de comprobación: acciones que reducen el malestar a corto plazo, pero que mantienen la ansiedad a largo plazo.

 

Cuando no solo es miedo

En algunos casos, la necesidad por hacerse pruebas no se explica solo por el miedo al VIH en sí, sino por lo que el VIH representa a nivel personal. Por ejemplo, en algunas personas homosexuales o bisexuales puede aparecer una asociación inconsciente entre sexualidad, suciedad, vergüenza o castigo. El VIH, entonces, se vive casi como una consecuencia moral, algo que “podría o debería pasar” por haber deseado, disfrutado o transgredido.

En otros casos, influyen otros factores como el miedo extremo al juicio social o dificultades para tolerar la incertidumbre.

 

Cuidar la salud sexual, también a nivel emocional

Las pruebas de VIH son una herramienta fundamental para la prevención y el cuidado de la salud sexual. Saber cuándo realizarlas y confiar en sus resultados forma parte de una sexualidad responsable. Sin embargo, cuando la necesidad de repetirlas se vuelve constante, genera angustia o interfiere en la vida cotidiana, puede ser útil ampliar el abordaje. Abordar el componente psicológico permite romper el círculo de la ansiedad, y vivir la sexualidad desde un lugar más tranquilo y saludable.

Si al leer este artículo te has sentido identificado, o si el miedo al VIH sigue presente a pesar de tener resultados negativos, en Open House ofrecemos un enfoque integral de la salud sexual que combina la atención médica con el acompañamiento psicológico y sexológico, para ayudarte a recuperar la tranquilidad y vivir tu sexualidad desde un lugar más seguro y consciente.

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Daniel Navío Jiménez
Psicólogo clínico y sexólogo

 

Psicólogo Daniel Navío Jiménez

Psicólogo Daniel Navío Jiménez

Psicólogo Daniel Navío Jiménez (Colegiado CV18709), psicólogo sanitario y sexólogo. Experto en terapia de pareja, ansiedad y apoyo psicológico en el diagnóstico de ITS.

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